20051003

Discurso de Orden (Táchira)

El Dr. José Pascual Mora García, Presidente de la Academia de Historia del Táchira, pronuncia el Discurso de Orden en representación de la Institución Tachirense
DISCURSO CON OCASIÓN DE LA INCORPORACIÓN COMO MIEMBROS DE LA ILUSTRE ACADEMIA DE HISTORIA DEL NORTE DE SANTANDER

Dr. José Pascual Mora-GarcíaPresidente

El sueño de Bolívar fue Colombia, y somos todos colombianos. Bolívar sembró en el tiempo la consigna de que "COLOMBIA ES LA PALABRA SAGRADA, Y LA PALABRA MÁGICA DE TODOS LOS CIUDADANOS VIRTUOSOS. YO MISMO SOY EL PUNTO DE REUNIÓN DE CUANTOS AMAN LA GLORIA NACIONAL Y LOS DERECHOS DEL PUEBLO." (Bolívar, 1826) Para Bolívar nuestro espacio esta organizado en una nueva teogonía signada por el "dios de Colombia", y es que el principio ordenador del universo latinoamericano es el Dios de Colombia. En su obra poética Mi Delirio sobre el Chimborazo (1822) lo manifestó: "Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía."Hoy como ayer el Dios de Colombia nos posee, y fue así como nació el sueño de la Gran Colombia el 17 de diciembre de 1819, después de la batalla de Boyacá, en Santo Tomás de Angostura a partir de la Ley Fundamental de Colombia, que en su artículo 1º señaló la unión entre Venezuela y la Nueva Granada: "Las Repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada quedan desde este día unidas en una sola bajo el título glorioso de República de Colombia".Más tarde en la Ley Fundamental de la Unión de los Pueblos de Colombia del 12 de julio de 1821, el Congreso de Cúcuta confirmaría lo decidido en 1819. Así nació la Gran Colombia.Esta organización política, social, económica y educativa de lo que se llamó la República de Colombia hasta 1830, solo puede ser comparada con el sueño del gran Genghis Khan, quien fue capaz de crear en sus seguidores una nueva imagen del pueblo mongol. Y es que nuestro Libertador tuvo esa "inteligencia Demiúrgica" propia de los hombres que saber organizar el cosmos.Pero si Demiúrgico fue Bolívar, también Demiúrgico fue Francisco de Paula Santander Omaña, el Prometeo colombiano. En las tres administraciones del general Santander entre 1819-1837, la Nueva Granada experimentó el crecimiento cuantitativo y cualitativo más significativo de la educación en la primera mitad del siglo XIX. Al término de su período como presidente de la Nueva Granada en 1837, manifestó: “Encontré en 1833, 378 escuelas, a las cuales asistían 10.499 niños, y dejo 1.050 escuelas con 26.070 estudiantes.”Bolívar se inspira en su Delirio en la mitología griega pero integra en su imaginería el protolenguaje materno prehispánico; los Andes representan a Gea, pero también a la Pachamama. De la Madre-Tierra que nació la Titanomaquia latinoamericana. Y cada Titán devino en Estado-nacional.Pero nos une esencia, un parentesco común, y es que más que Estados-nación somos FRATRIAS; compartimos un espacio y un lenguaje común; un conjunto de tradiciones y hábitos, en fin nos fusionan los valores de la hermandad. Cierta historia se empeña en diferenciarnos, para tener que reconocer hegelianamente que mientras más nos separamos paradójicamente más nos parecemos.Para el latinoamericano la identificación cultural no la define ni la MATRIA, ni la PATRIA sino la FRATRIA. La Matria es regida por la Madre Naturaleza, la Patria es regida por el dios Estado, y la Fratria la rige el nosotros grupal. Por eso la CONFRATERNIDAD BOLIVARIANA se configura de la relación entre hermanos; y no a partir de la dialéctica de la negación del Otro. La relación entre nosotros es más de hermanos, entre pares, que entre Estados-nacionales. Obsérvese que cada vez que hay un litigio internacional, primero aflora la carga inconsciente de la fraternidad, antes que la diferencia entre las Patrias. Quizá en ese sentido Briceño-Guerrero (2002) afirmaba que "Simón Bolívar no es el Padre de la Patria. Yo sé también que Venezuela no es una Patria." Porque en el fondo somos más FRATRIAS que PATRIAS.Y, es que el origen de esa CONFRATERNIDAD BOLIVARIANA se inició en este sagrado espacio hace 184, en el Congreso Constituyente de Cúcuta reunido entre el 6 de mayo y el 14 de octubre de 1821. Casi podríamos decir que los tachirenses fuimos testigos de excepción en el nacimiento de Colombia. La confraternidad grancolombiana está consagrada no solo por la historia común que se remonta a la dependencia político-administrativa del virreinato de Santafé de Bogotá hasta 1777, sino por tener un padre de la Patria en común. Por eso en el Ser Fronterizo se integra una mentalidad común. La nacionalidad para los tachirenses es una categoría asimilada como una práctica de convivencia con otro hermano que vive en la casa vecina. Al fin y al cabo, la idea de nación fue una construcción decimonónica.Los límites del Estado-nación separan al hombre de frontera pero la mentalidad los une en la práctica cotidiana. Los andamios mentales expresados en las costumbres son semejantes. La región geomental fronteriza no niega la nacionalidad sino que la afirma; somos el espacio por excelencia donde todos los días hacemos patria; por alguna razón Don Ramón J. Velásquez afirma que “aquí comienza y termina la patria.” El arte de la confraternidad lo enseñó Bolívar a los tachirenses antes que al resto de los venezolanos. Precisamente en el año 1813, con un electrizante discurso patriótico dirigido a los hijos de San Antonio, la Villa Heroica, en los siguientes términos: “Yo soy uno de vuestros hermanos de Caracas, que arrancado prodigiosamente por el Dios de las misericordias de las manos de los tiranos, que agobian a Venezuela vuestra patria, he venido a redimiros del duro cautiverio (....) a traeros la libertad, la independencia y el reino de la justicia (...) Vosotros tenéis la dicha de ser los primeros que levantáis la cerviz, sacudiendo el yugo que os abrumaba con mayor crueldad, porque defendisteis en vuestros propios hogares vuestros sagrados derechos. En este día ha resucitado la República de Venezuela, tomando el primer aliento en la patriótica y valerosa villa de San Antonio, primera en respirar la libertad, como lo es en el orden de nuestro sagrado territorio.” (Bolívar, 1980: 145).Bolívar, el primero de los venezolanos, fraguó la libertad de nuestro pueblo con sangre tachirense y neogranadina; entendió que solamente una patria unida y solidaria podría enfrentar exitosamente al futuro.En los albores del siglo XXI parece repetirse la historia y los afanes son los mismos; su sueño pareciera estar siempre retándonos. Los futurólogos hablan del desplazamiento del Estado-Nación al Estado-región (Ohmae Kenichi). Y, es que nosotros los tachirenses y nortesantandereanos formamos un Estado-región en la práctica. No solo por razones geohistóricas sino por razones geomentales, lo cual nos determina profundamente. Desde el mismo momento del nacimiento de la antigua Provincia del Táchira, evolucionamos como Estado-región; para decirlo con un concepto actual. Es una realidad en el pasado y en la actualidad. La vinculación geo-histórica y geo-económica con el Departamento Norte de Santander (República de Colombia) ha sido estratégica para el desarrollo del Estado-región tachirense. La antigua Provincia del Táchira (1856) se hizo próspera gracias a la exportación del café, en la cual intervenía desde mano de obra santandereana hasta los canales para comercializarse. El producto salía vía Cúcuta para embarcarse hasta puerto Encontrados, y de allí se enviaba a Maracaibo para comercializarse nacional e internacionalmente. Nuestro café se vendía en Alemania con sellos de casas comerciales de Cúcuta. La globalización no es tan nueva. En verdad es un proyecto de la Modernidad. Por eso, para el hombre fronterizo la patria nace emparentada, con héroes comunes, con ideales comunes, y con economías comunes; por eso, es importante que potenciemos junto a los valores de patrióticos que fundan el Estado-nación los valores del reconocimiento de la hermandad que sostienen el Estado-región.El ser fronterizos en el caso de tachirenses y nortesantandereanos es especialísimo, pues la historia en el pasado colonial nos unió y la patria nos reafirmó. Todos los días convivimos, sin menoscabo, con el sentimiento de patria. Cada día vivimos el ritual de la patria en la frontera, y no sólo cuando se celebra una fecha patria. La conformación mental de nuestros pueblos no es producto de una apreciación momentánea, sino que hunde sus raíces fundadoras en el barro de nuestro pasado prehispánico. Cuando apostamos por el tiempo de larga duración no estamos buscando la idea de un origen único, entendido como un punto primero, y absoluto que introduce una idea ahistórica y metafísica. Tampoco estamos preocupados por vincular los orígenes de nuestros pueblos con linajes nobles, desvirtuándose nuestras verdaderas raíces fundadoras por un complejo de vasallaje.Nuestra historia común se entronca en el tiempo estructural por razones geográficas, lingüísticas y mentales; geográficamente, somos una unidad que fusionan los valles ultramontanos de la depresión de los ríos Táchira y Pamplonita; lingüísticamente, nacimos con una homofonía anclada en las raíces lingüísticas de la Edad Superior o Neoindias de la familia Chibcha y Chibcha –Arawak; y mentalmente, tenemos un “utillaje espiritual” que integra nuestros pueblos en términos de larga duraciónSomos una de las seis naciones prehispánicas de las que hablara el cronista Lucas Fernández de Piedrahita, somos la de los CHITAREROS, y que se corresponde con el espacio de las ciudades y jurisdicciones de Mérida, Espíritu Santo de La Grita, Pamplona y Villa de San Cristóbal. Pero habría que agregar más, y es que teníamos ancestralmente una lengua en común. Y esta característica nos une incluso con los conceptos modernos de nación, cuando al decir de Pierre Vilar, "la nación es una comunidad estable, históricamente constituida, de lengua, de territorio, de vida económica, y de formación psíquica, que se traduce en una comunidad de cultura." La formación psíquica en el hombre de frontera tiene un pasado geomental que fortalece la tesis actual de la Inteligencia Espiritual, y que nos hace potencialmente hombres de visión trascendental. Tenemos un pasado prehispánico y colonial semejante, entre otras razones porque las ordenes religiosas que evangelizaron la región tachirense venían de la Nueva Granada. A manera de ejemplo diremos que la imaginería religiosa Neogranadina y la Tachirense comparten la advocación de Nuestra Señora de la Chiquinquirá; en el caso de la Nueva Granada, la Virgen de la Chiquinquirá se venera en Chiquinquirá-Departamento de Boyacá desde 1560. Y en el caso del Táchira, se venera Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Lobatera desde el siglo XVII.El censo colonial establecía una interrelación permanente entre las regiones, Carmen Adriana Ferreira Esparza (junio-1999) en un trabajo sobre "El Crédito en la Provincia de Pamplona-Nueva Granada: usos del Censo consignativo" se puede encontrar la importancia que adquirió en el siglo XVIII y XIX, en un área geográfica que abarcaba los territorios de la Diócesis de Mérida de Maracaibo; al respecto afirma: "En la provincia de Pamplona, también la Iglesia a través de sus conventos, cofradías y capellanías mantuvo esta tendencia rentística, lo que la convirtió en la principal fuente de crédito que abasteció la demanda de capitales no sólo de la provincia sino de las poblaciones vecinas estableciendo una amplia red que abarcaba ciudades como Mérida, San Cristóbal, la gobernación de Girón, llegando incluso hasta la ciudad de Cartagena." (Ferreira Esparza, 1999: 66) Como dato curioso, Martín Omaña Rivadeneira, vecino de San Cristóbal y familia directa del general Francisco de Paula Santander Omaña, se benefició al recibir dinero a censo a favor de su Finca "Juan Frío."Lo anterior enfatiza la importancia de la comprensión de la historia en el sentido que el maestro Marc Bloch recomendada: " (...) La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente." (Bloch, 1986:78)La historia de nuestra Academia de Historia del Táchira se remonta a más de sesenta años. Permítaseme hacer una breve referencia para reconocer en el tiempo a quienes fraguaron el destino del acto que hoy honrosamente representamos. Es así que podemos decir que la historia de la historiografía tachirense podría estandarizarse en cinco etapas. Una primera etapa corresponde a los pioneros, y se inicia con la sistematización del oficio de historiador, y que tuvo su expresión en su fundación como corporación. Está tipificada por el gran acopio de fuentes y datos de gran interés historiográfico. Se inició en 1942 al crearse el Centro de Historia del Táchira, por resolución de la Sociedad Salón de Lectura de la ciudad de San Cristóbal, presidida por el Dr. Ramón J. Velásquez. Integraron este primer centro, los doctores Amenodoro Rangel Lamus, Vicente Dávila, Ramón J. Velásquez; de los profesores Alberto Román Valecillos, Luis Felipe Ramón y Rivera; eclesiásticas como Mons. Edmundo Vivas y el Pbro. Raúl Méndez Moncada, y cronistas como Don Marco Figueroa y Don Alejandro Rojas Figueroa. Por cierto que Mons. Raúl Méndez Moncada es el único que sobrevive a esa generación, y por tanto el decano de los académicos. Esta etapa podríamos considerarla como formativa, y el momento en el cual se constituye como un campo especializado del análisis histórico el pasado tachirense, sobre todo, el estudio de la historia del espacio colonial tachirense.Una segunda etapa, caracterizada por el reconocimiento oficial por el ente gubernamental el Centro de Historia del Táchira, según decreto del 20 de marzo de 1950, siendo Gobernador del Estado Táchira el Dr. Antonio Pérez Vivas. Este Centro fue integrado por figuras de una destacada trayectoria como Don Luis Eduardo Pacheco, el Dr. Aurelio Ferrero Tamayo, Don Rafael María Rosales, el Dr. Félix María Rivera, y Don Manuel Osorio Velasco, entre otros. A partir de la década del sesenta, bajo la Dirección del Dr. Ramón J. Velásquez, la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses (BATT) inició una labor extraordinaria en la difusión de los temas históricos regionales, que hoy alcanza cerca de los doscientos tomos. En la tercera etapa se reestructura el Centro por decreto del 17 de abril de 1968, siendo Gobernador Juan Galeazzi Contreras; en el resuelto n° 71 se reestablecía en esta Capital el “Centro de Historia del Táchira”. Integraron la institución, en su tercera etapa, distinguidas personalidades como Individuos de Número, fueron ellos: Nº 1, Rafael María Rosales; Nº 2 Monseñor Edmundo Vivas; Nº 3, Luis Eduardo Pacheco.; Nº 4, Aurelio Ferrero Tamayo; Nº 5, José Quintero García; Nº 6, Feliz María Rivera; Nº 7, Amenodoro Rangel Lamus; Nº 8, Ramón José Velásquez; Nº 9, Pío Bello; Nº 10, Horacio Cárdenas; Nº 11, Carlos Sánchez Espejo; Nº 12, Pedro pablo paredes; Nº 13, José García Rodríguez; Nº 14, José Antonio González C.; Nº 15, Ilia Cira Rivas de Pacheco; Nº 16, Xuan Tomás García Tamayo.La cuarta etapa, se tipifica por la elevación a la jerarquía de Academia el referido Centro de Historia del Táchira, por medio del Decreto N° 39, del Ejecutivo del Estado, de fecha 23 de mayo de 1991, "coincidiendo con el aniversario de la Revolución Liberal Restauradora, fecha que marcó el Anno Domine de la historia política, económica y social tachirense." Conformaron el primer periodo como Academia la siguiente Junta Directiva: Período: 1992-1994 Presidente: Mons. Raúl Méndez Moncada; Vicepresidente: Lic. Nerio Leal Chacón; Secretaria: Inés Cecilia Ferrero K.; Tesorero: Dr. Aurelio Ferrero Tamayo; Bibliotecario-Archivero: Prof. Horacio Moreno; Comisión del Boletín: Ing. Xuan Tomás García T., Dr. Félix María Rivera, Dr. Aurelio Ferrero Tamayo.Y la quinta etapa, podríamos decir que es la etapa reciente, a partir de la propuesta de la Ley de la Academia de Historia del Táchira por parte del Legislativo tachirense. Queremos significar que en los últimos veinte años la formación académica sistemática permitió desarrollar un campo de trabajo, con temas y problemas cada vez de mayor especialización y especificidad en el campo histórico. Destacándose el florecimiento de trabajos con vocación y método histórico, atravesados por los estudios interdisciplinarios. Hoy la Academia de Historia del Táchira luce su gala para acoger en su seno el magnánimo reconocimiento como Miembros de la Academia de Historia del Norte Santander, y expresamos el mismo afecto en la persona de cada uno de sus miembros que expresamos la voluntad.En la memoria también recordamos a los que ya no están con nosotros, pero que fueron los patriarcas forjadores de la institución que hoy tenemos en nuestras manos. Con mucha responsabilidad hemos llevado la tarea de relevo, pero con la conciencia que Bernardo de Chartres, nos recuerda cuando expresa que "somos enanos encaramados en hombros de gigantes. De esta manera vemos más y más lejos que ellos, no porque nuestra vista sea más aguda o nuestra estatura más alta, sino porque ellos nos sostienen en el aire y nos elevan con toda su altura gigantesca.” Con esta firme autoconciencia asumimos el honor de tan dignísima corporación como es la Academia de Historia del Norte Santander. Entonces, y sólo así, podremos pensar que hemos cumplido con la labor encomendada.Quisiera finalizar este homenaje a la Confraternidad Bolivariana, invocando en este año del cuatricentenario del Quijote, al gran poeta Teodoro Gutiérrez Calderón, quien vivió en La Grita y sembró en las generaciones jaureguinas el búho de Minerva y la diosa de la poesía.

"A DON QUIJOTE DE AMÉRICA:"
Padre nuestro Bolívar, señor de la Aventura,
Don Quijote de América, Genio de la Locura,
Que al lomo de tu mágico y sonoro corcel,
Diste a tus cinco patrias un gajo de laurel:
Cual severa sombra de Hamblet soñador,
Pasea por las playas tu silueta, Señor,
Y haz que en el Nuevo Mundo que llora tu orfandad,
Torne a alumbrar el oro de un sol de libertad;
Que ame el hombre el tesoro del riñón de la tierra;
Que esta paz engañosa que disfrazó la guerra
Y lleva tantos hijos a la amarga prisión,
Vuelva a sentir la dulce voz de tu corazón;
Que los piratas, ogros de los azules ojos,
ante el patriota altivo depongan sus antojos,
Y que nunca volvamos, ¡ oh heraldos de Esaúl,
a negociar la herencia que nos legaste tú.!
Colón nos trajo el símbolo de la blanca paloma
de la fe y el tesoro del material idioma.
Tu nos trajiste, Padre Simón, la libertad,
Y para trabajarla, nos diste una heredad.
No dejes, pues, Quijote de la moderna Mancha,
Properar el dominio que el extranjero ensancha
A golpes de conquistas del oro violador;
Venga otra vez el brillo de tu espada, Señor.
Y, ¡ Oh, Padre nuestro!,
ampara nuestros tristes develos,
Tu que todo lo puedes,
¿porque estás en el cielo! "